Narrativa general

La casa del álamo

La literatura japonesa tiene algo especial, que nos atrae como una polilla a la luz. En el caso de la autora Kazumi Yumoto, nos gusta su facilidad de tratar el tema de la muerte como un interrogante que nos absorbe durante nuestras vivas, que nos lleva a una espiral de incertidumbre y ansiedad, para finalmente mostrarnos lo bonito que es vivir plenamente. Nos recuerda que hay que vivir con los cinco sentidos aprovechando cada segundo.

La protagonista de esta historia es una joven enfermera, Chiaki, que ha perdido la motivación de vivir, y en su angustia, teme caer y perderse en la oscuridad desde que falleció su padre en su infancia. La pérdida de la figura paterna marca su vida de forma nefasta, llevándola por un camino de ansiedad y obsesión de hacerlo todo perfecto, de no fallar.

La historia comienza con la noticia de la muerte de una mujer que fue importante en la infancia de Chiaki, la mujer de LA CASA DEL ÁLAMO, una casa ajardinada convertida en apartamentos donde Chiaki vivió un tiempo con su madre tras la pérdida de su padre. La dueña o casera, como se la menciona, le regaló algo importante a Chiaki, aprender a afrontar la muerte de su padre escribiéndole cartas, que la señora le llevaría tras su propia muerte, como una cartera del inframundo. Chiaki, en su inocencia de infancia, se mete en el papel, creyéndose que su padre leerá lo que le cuenta, y eso le ayuda a superar sus propios demonios.

Chiaki decide ir a despedirse de la mujer, y durante el trayecto nos contará ese periodo de su infancia, tan difícil para una niña que no está preparada para afrontar la pérdida. Pero hay más lecciones para ella, por muy adulta que se haya hecho…

El tema de la muerte es ya una habilidad para la autora que no deja de sorprender. En este caso nos muestra la infancia trastornada por esta inevitable desgracia, lo fácil que es caer en un pozo de angustia, pero también nos enseña lo fácil que es volar por las nubes de la vida, en una enseñanza moral sobre como afrontar nuestros temores.

Los personajes tienen una profundidad y una evolución muy buena, pues la autora trabaja muy bien el interior de las personas. La anciana es un personaje muy interesante, y su trabajo como cartera hacia los fallecidos es importante por lo que consigue en las personas vivas, que puedan vivir en paz, y deja de ser una cuestión sobre si de verdad puede hacerlo o por qué lo hace.

Una idea muy interesante, que se manifiesta como simbolismo a través del árbol del jardín, en el hecho de que la muerte es algo que se acaba, al igual que se acaba el otoño con la última hoja cayendo del árbol. Pero todo continúa, así como sigue el álamo cuando Chiaki regresa a la casa de su infancia, y partes de nosotros se quedan por la influencia que se ha dejado en las personas de nuestro entorno, pasando el relevo de generación en generación.

Un relato precioso, a la altura de otras de sus obras, con un fondo de naturalidad hacia un tema reservado. Personajes tiernos y complejos, muy reales, con los que cualquiera puede identificarse. Muy recomendable.

Nocturna Ediciones, 2017. Tapa blanda, 181.

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